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Aquellas obras que se quedaron a medias.

Weber, Donizetti, Mussorgsky, Debussy, Bruckner, Elgar, Prokofiev, Bartók, Tchaikovsky, Berg, Schoenberg… y todos –y alguno más- que a continuación os contamos, dejaron alguna obra, por uno u otro motivo, sin concluir.

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Inacabado es el adjetivo que hace referencia a todo aquello que ha quedado inconcluso, a medias, ya sea por decisión propia, inseguridad, frustración, desinterés o falta de inspiración, o por la una imposibilidad sobrevenida -como es la propia muerte- ajena a la voluntad del sujeto de la acción.

El mundo del arte y la literatura cuenta con numerosos ejemplos de obras no concluidas: la Sagrada Familia de Antonio Gaudí, El misterio de Edwin Drood de Charles Dickens, La adoración de los magos de Leonardo da Vinci, La Piedad de Tiziano, el San Mateo y la Piedad Rondanini de Miguel Ángel, los poemas Hyperion de John Keats y Kubla Kahn de Samuel Taylor Coleridge…

Pese a ser un arte en esencia no representativo, lo inacabado también afecta a la música, en las que también se cuenta con una larga lista de obras no finalizadas. Lo inacabado tiene una importancia extrema en la obra de Franz Schubert, a tenor de las seis sinfonías que dejó sin terminar, sobre todo su famosa Sinfonía inacabada, compuesta el año en el que le fue diagnosticada la enfermedad que lo sentenciaría de muerte, la sífilis. Veinte años después de estrenar Madama Butterfly, Giacomo Puccini volvió de nuevo al Extremo Oriente, esta vez a China, para desarrollar la que sería su obra póstuma, Turandot. Puccini falleció dos años antes de su estreno, dejándola también inacabada. Tampoco Alexander Borodin acabó su ópera El príncipe Igor.

Mozart accedió a escribir su Réquiem por encargo del conde Walsseg-Sttupach, noble que tenía la intención de presentarlo como suyo para hacer creer a los demás que poseía el talento musical del que, en realidad, carecía. En resto de la historia ya lo sabemos: Mozart murió y su esposa contrató a Franz Xaver Süssmayr para que lo finalizara. Fue estrenado el 2 de enero de 1793, bajo la autoría de Mozart, aunque casi un año después se escuchó en Viena como obra del conde.

Tras dos operaciones de vista que terminaron por dejarlo ciego, el 28 de julio de 1750 moría Johann Sebastian Bach, el calificado por muchos como el más grande de los músicos de todos los tiempos. Ese día, su estado le hizo recuperar momentáneamente la vista, aunque no el tiempo suficiente para dar por finalizada su majestuosa obra inacabada El arte de la fuga.

Se dice que con la muerte Beethoven nació una creencia que desde entonces ha aterrado a todos los grandes compositores. Esa creencia es una maldición: que ningún compositor vivirá para componer de forma definitiva una décima sinfonía. Esta creencia es un mito nacido con Mahler, que dijo parece que una novena es un límite. No se sabe que pasará si se va más allá. Parece como si hubiera algo que no debemos saber y que nos impide una décima…para lo cual no estamos preparados. Mahler, por supuesto, dejó inacabada su Décima Sinfonía.

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