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Trópico.

Érase una vez la historia de un viaje en el tiempo entre progresos y retrocesos, entre verdades y mentiras, entre trópicos que resultaban más obscenos en los años 60 que en los 30...

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Se dejó caer en el sofá sintiéndose como un saco muerto, totalmente rendida y agotada después de haber vaciado el armario y haber colocado, con cierto criterio, toda su ropa; al hacerlo entendió porque no lograba nunca poner orden en su armario, no era cuestión de orden ni de organización, era un simple tema de espacio y de conservar su vida colgada en perchas. ¿Cómo encontrar un hueco para su nuevo trópico en el cajón de los bikinis si conservaba algunos que ni tan siquiera recordaba haber usado?

Y es que pasear su armario era casi lo mismo que recorrer su vida porque era ella muy de ‘por si acaso‘, sabía que nunca volvería a ponerse aquella camisa pero, nunca se sabe, todo vuelve, lo mismo sucedía con aquel pantalón de campana o aquel otro tipo pitillo… y lo único que volvía, lo único recurrente, era el caos en su armario, no encontrar nunca aquella camiseta que sabía que tenía, no tener una percha libre para la chaqueta nueva y abrir, siempre con temor, el cajón de los calcetines.

Había puesto por fin un poco de orden y preparado dos bolsas para llevar al contenedor de la ropa, tal vez tuviera así una segunda vida mucho más útil que la que ella le daba en su armario, se sentía satisfecha con el resultado de su tarde entre tejidos pero también reflexiva e inquieta, ver tantos años de su vida colgados en el armario le hacían darse cuenta de cuánto había dejado ya atrás y de como, al mirar hacia adelante, el camino era, irremediablemente más corto.

No se trataba de sentirse vieja o de temer nada sino de tomar consciencia de cómo la vida pasa tanto si se vive como si no y ella no quería perder el tiempo, no y nunca, salvo cuando, por alguna razón que a veces no alcanzaba a entender, decidía que eso era lo que tocaba, que era esa parada momentánea lo que su cabeza necesitaba para retomar después su camino.

Su camino… un camino siempre tortuoso y complejo, lleno de tentadores desvíos, con altos de montaña y bajadas casi suicidas; hacía mucho que había descubierto que lo único lineal era el paso del tiempo, lo único regular e irremediable, tic, tac, tic, tac, tic, tac…

Nada era tan lineal como el tiempo, cuando repasaba la historia, no importaba si era la suya o la del mundo, parecía un discurrir de acontecimientos que progresaban en el tiempo pero lo cierto es que el único proceso constante era el del tiempo, por lo demás había momentos de progreso, otros de retroceso y los había incluso de quietud ¿cuáles eran los de mayor bienestar? ¿y los más dolorosos? no se decidía, detestaba los retrocesos pero había momentos en los que era ese precisamente el mejor camino, una persona, o una sociedad completa, podía equivocarse y votar a un Hitler -de hecho lo hicieron- pero no podrían seguirlo hasta el fin -o sí, de ahí el tiempo terrible, el drama, el horror y el inevitable final-; los tiempos de progreso, aunque sonaran más bellos, tenían también su lado oscuro, la Revolución Industrial trajo progreso pero hubo que lucharlo, hubo incluso que luchar para prohibir el trabajo infantil; ¿y la quietud? la quietud era sólo la paz que precede a la tormenta, una calma chicha que se siente siempre como algo efímero.

El tiempo avanzaba siempre y el hombre lo recorría, a veces, dando pasos hacia atrás… sonrió mientras pensaba en Henry Miller y sus Trópicos -Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio-, en como los publicó en París en los años 30 y como, al publicarlos en Estados Unidos en los años 60, tenía que enfrentar un juicio por obscenidad ¿no estaba la sociedad americana de los años 60 capacitada para entender dos novelas publicadas en Francia en los años 30? tal vez no o tal vez el mundo había girado de forma extraña…

Y ahora parecía ocurrir lo mismo o casi peor porque la verdad ahora se confundía con la llamada postverdad que no era más que la mentira vestida con ropajes de verdad pero mentira al fin y al cabo, en cualquier caso, si de algo no le cabía duda alguna es que el problema no estaba, como muchos clamaban, en la libertad sino en su uso torticero y malicioso, el problema estaba en como algunos querían ganar un metro más para su libertad a costa de la libertad de otros, el problema estaba en que había quien entendía la libertad como un bien absoluto y no como un derecho que lleva implícitos la responsabilidad propia y el respeto a la libertad de los demás. Y el problema era la mentira.

Recordó el dicho ‘no por mucho repetir una mentira ésta se convierte en verdad. Con una ‘buena‘ política de comunicación tal vez sí… Aquel oscuro pensamiento hizo que se le encogiera el estómago, se calzó entoences sus zapatillas de correr y se echó a las calles a permitir que el frío borrara los malos augurios que su armario había despertado en ella.

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