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La sinfonía inacabada de Schubert.

Compuesta en 1822, un año trágico para Schubert pues le diagnosticaron la sífilis, no fue descubierta hasta varios años después de la muerte del compositor.

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Entre los 13 y los 14 años, Schubert compuso una Introducción y el inicio de un Allegro, que hubieran sido parte de su primera sinfonía si no hubiera apartado a un lado el proyecto. Unos años después, de los 16 a los 21 años, en una etapa de intensa actividad creativa, escribió sus seis primeras sinfonías, además de más de ciento cincuenta lieder, dos oberturas, obras para piano, música de cámara, religiosa, y un largo etcétera. Por entonces, el joven compositor vienés buscaba un estilo propio tomando como referencias, por un lado, las sinfonías de Haydn, Mozart y Beethoven, y por el otro, el estilo italiano, influencia de las clases recibidas de Antonio Salieri.

Terminada esta etapa, Schubert no había conseguido encontrar un estilo propio y dejó sin concluir varias sinfonías. Después de la Sexta, escribió la versión para piano de una Introducción, el Allegro de un primer movimiento y un Allegretto final, pero lo dejó. Más adelante puso manos a la obra en la composición de otra sinfonía, proyecto que abandonó cuando iba por la mitad. Posteriormente, inició la composición de otra sinfonía, su Séptima, aunque algunos expertos se niegan a reconocérsela porque fue completada por el crítico Brian Newbold. Por desgracia, esta es la causa por la que la numeración de las sinfonías de Schubert no es homogénea.

En 1822, año en el que le diagnosticaron la sífilis, la enfermedad que le atormentó y le condujo a una muerte prematura, escribió los dos movimientos completos de otra sinfonía y comenzó la composición de un tercer movimiento, pero también la abandonó. No obstante, mientras que en la mayoría de sus trabajos no culminados dejó apenas bocetos o fragmentos para piano, en el caso de ésta, considerada su Séptima sinfonía, está compuesta por dos movimientos perfectamente terminados y orquestados. Así que lo único que hace pensar que el compositor tuviera la intención de escribir más de dos movimientos es el hecho de que la dejó al enterarse de su grave enfermedad solo un mes después de comenzar a escribir la sinfonía, momento en el que se la regaló a su amigo Josef Hüttenbrenner, que más tarde se la daría a su hermano Anselm.

Después de componer la que ahora conocemos como su Novena sinfonía, conocida como la Grande -que para otros sería la Octava-, comenzó la creación de la que hubiera sido su décima sinfonía… o la decimotercera si hubiera concluido todas las anteriores… pero le sobrevino la muerte el 19 de noviembre de 1828. El manuscrito de la Sinfonía Inacabada permaneció en manos del compositor austriaco Anselm Hüttenbrenner, hasta que otro compositor austriaco, Johann von Herbeck lo visitara en 1865 en Ober-Andritz para convencerlo de que llevara la partitura a la capital imperial. La primera audición pública de la obra tuvo lugar el 17 de diciembre de ese mismo año a cargo de la orquesta de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena bajo la dirección de Johann von Herbeck.

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