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The Weather Station es el alter ego de la cantautora Tamara Lindeman. Vídeo, letra e información.

La canadiense acaba de publicar su cuarto álbum, su obra más completa.

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Los amantes de Joni Mitchell están de enhorabuena porque, aunque nadie es tan genial y brillante como ella, al menos en la voz y la forma de componer de Tamara Lindeman, artísticamente conocida como The Weather Station, hay continuidad para su concepto de música. Es el presente del futuro para un eterno pasado.

“The Weather Station” es el cuarto y más reciente trabajo discográfico de una cantante y compositora de Toronto, Canadá, llamada Tamara Lindeman, pero que prefiere utilizar ese nombre justamente, el de su nuevo LP, para dar a conocer su música, sus canciones. Según ha señalado la propia Lindeman, “Quería hacer un disco de rock and roll, pero uno que sonara como yo quería que sonara, lo cual por supuesto no es para nada como el rock and roll”. Así pues, el nuevo álbum es el resultado de una inspirada demostración de fuerza a través de la cual declara su subestimada política feminista y muestra su ambiciosa nueva dirección sonora. Estas premisas quedan claras desde las primeras notas, desde la primera canción “Free”, que irrumpe con una distorsionada y afilada guitarra en respuesta a la conversación que mantiene con un hombre, “¿Era libre como debía de ser o era libre como tú eras?

Es toda una declaración de principios, una muestra de lo que nos espera en el recorrido del disco a través de las once estaciones que contiene. Un álbum publicado por el sello de Chapel Hill, Carolina del Norte, Paradise Of Bachelors, y que está disponible en CD edición Deluxe y Vinilo de 12” de 140 gramos, con una lujosa presentación y código de descarga. Una impecable envoltura para una obra auto producida que muestra una visión urgente, profunda, alegre y de desbordante generosidad artística.

En todo el LP de The Weather Station aparece la nueva energía vital de Tamara Lindeman. Hasta el momento, sus composiciones siempre han resultado deconstructivas, socavando y revisando los cimientos del género con su especial y complejo sentido de la ironía. Aunque suena, y mucho, a su compatriota Joni Mitchell, lo suyo es un folk de etiqueta mucho más elástica. Puede ser un disco de folk pero con concepción y conceptos de r´n´r. Empezando por la instrumentación, por esas guitarras hirientes, por las baterías rasposas, por sus voces agudas y sus melodías que podrían haber sido arrancadas de los Apalaches. En ocasiones incluso se puede entrever algo de blues acelerado, despeinado.

“Thirty” es una triste y agridulce historia de un enamoramiento pasajero. Lindeman canta sin descanso sobre el precio de la gasolina, los antidepresivos, un padre en Nairobi “jodiendo” todo, la luz, las diferentes lenguas, los reflejos, las expresiones… “La canción es exagerada, como si tratara de ampliar las fronteras de lo que se puede decir dentro de una canción pop de tres minutos”, explica su autora. “No sé qué decir, así que digo mucho”, canta en otro momento.

A través de The Weather Station, la cantante y compositora enseña sus detallados relatos de poesía y prosa delicadamente trabajados. Sin embargo aparecen en un álbum aparentemente desordenado y atrevido, en el que las canciones son cuentos cortos oblicuos que se entrecruzan. En este nuevo LP hay un gran cambio frente a su aclamado predecesor, “Loyalty” (2015), nominado a los Premios Polaris, mucho más apaciguado. Ahora es más directa, más penetrante. Tamara Lindeman reinventa profundamente sus raíces para ofrecer un entorno musical más audaz, visual y cinematográfico. Emocionante y sincera. Hay futuro.

 

There was a time
When you put your hand on the small of my back
I was surprised that you touched me like that
But there in your hand was a current of life
I could hardly stand
I stayed still
And I didn’t mention it
Or if I did, I made some joke of it
It was strange how I could feel so sane
So plain when you’re around

And unbidden to me
There it rose, the fantasy
Colored rose and easy
Yeah, I could see it so simple, unsubtle
Impossible, clearly
And strange
Far and as close as a mountain range
On the horizon driving all day
There I was, so sane
So plain after everything

Gas came down
From a buck-twenty
The joke was how
It broke the economy anyhow
The dollar was down
But my friends opened businesses
There were new children
And again, I didn’t get married
I wasn’t close to my family
And my dad was raising a child in Nairobi
She was three now, he told me

Gas stations I laughed in
I noticed fucking everything
The light, the reflections
Different languages, your expressions
We would fall down laughing
Effervescent
And all over nothing, all over nothing

Just as though
It was a joke my whole life through
All of the pain and sorrow I knew
All of the tears that had fallen from my eyes
I can’t say why
We walked in the park
Under the shade
I avoided your eyes
I was ashamed of my own mind
No SSRIs
My day is dark as your night

Oh, you got
The kindest of eyes
I cannot help but notice sometimes
But you know, as do I
I cannot look twice without falling right
Into the sweet and the tender line between
Something I can and can never be
And just then an ambulance
Passed on the street
And you took my arm reflexively.

 

 

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