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Samarcanda, encrucijada de culturas y belleza en estado puro.

¿Imaginas un lugar cuya majestuosidad y belleza sea capaz de dejar completamente mudos a quienes lo visitan? Ese lugar existe: Samarcanda.

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Más de dos milenios de historia encerrados en una ciudad que ha enamorado a sus visitantes desde el momento en el que se erigió. Un lugar desconocido para muchos, pero que sin embargo ha sido uno de los puntos claves en la evolución del ser humano y, actualmente, es una de las mayores perlas que conservamos. Samarcanda fue en su día la capital de la Ruta de la Seda y actualmente es una de las pocas ciudades que son capaces de calar hondo en todos aquellos que la visitan, un punto clave para quienes deseen contemplar la verdadera belleza con sus propios ojos y conocer nuestro pasado de primera mano.

Es la segunda ciudad más importante de Uzbekistán en lo que a tamaño y población se refiere, pero probablemente el principal atractivo turístico del país. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el pasado año 2001, Samarcanda siempre tiene abiertas sus puertas a los viajeros más intrépidos, a aquellos que buscan respuestas y que tratan de encontrarse en un viaje que cambiará por completo sus vidas. Y es que el simple hecho de contemplar las tres madrazas de la plaza del Registán te dará mucho que pensar. Obras de arte con siglos a sus espaldas, con miles de historias contempladas y compartidas. Una maravilla que parece sacada de otro mundo.

Tamerlán, el gran conquistador, es uno de los ejes de la ciudad y encontramos numerosas referencias a él, pero la verdadera protagonista en Samarcanda es la belleza. No hay absolutamente ningún edificio, incluidos los más antiguos, que te deje indiferente. Bañados en el color de sus azulejos y en tonos dorados, los principales enclaves son verdaderas obras de arte imposibles de creer si no las tienes delante. Desde las madrazas hasta las diferentes mezquitas, pasando por los mausoleos, entre los que destaca el majestuoso Mausoleo de Gur-e Amir.

Y no todo se queda en una fachada espectacular. Si tienes la oportunidad de adentrarte en todos estos edificios comprobarás cómo se ha cuidado siempre su estética y cómo sus interiores son incluso más bellos que la primera capa. Pese a que muchos, a juzgar por las imágenes, podrían asegurar que la arquitectura de Samarcanda peca de ser sobrecargada, una vez te encuentres frente a frente con estas maravillas desecharás ese comentario. Se aleja de la sencillez, por supuesto, pero todos sus elementos se encuentran tan bien combinados que se forma una coral perfecta.

Por si todo esto no te parece razón suficiente para considerar Samarcanda no sólo como uno de los destinos imprescindibles, sino como una de las ciudades más espectaculares de nuestro planeta, no olvides que estamos hablando de un lugar que ha conocido actividad humana prácticamente desde el Paleolítico tardío. Una ciudad que ha sido clave en el desarrollo de nuestra sociedad y que posee más historia de la que jamás podrías imaginar. Esa belleza que tú mismo admirarás en la plaza del Registán ha cautivado a algunas de las mentes más brillantes de nuestra historia desde hace siglos, y lo sigue haciendo.

Un destino poco común, poco escuchado, pero tan maravilloso que acabará convirtiéndose en uno de los más especiales de tu vida.

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